Rota das Emoções: Bem-vindos ao paraíso! (II)

Después de pinchar el 4×4 en medio de unas dunas y no ver nada cerca que se pareciese a la ayuda pensamos que las emociones de verdad iban a comenzar para conseguir salir de allí. Afortunadamente y bajo una tormenta momentánea, nuestro “motorista” consiguió llevarnos hasta la Lagoa de Tatajuba.

Con una gran preocupación nos tomamos unas cerves, nos dimos un baño y comimos langosta y nuestro sururú recién mariscado. Digerida la langosta nos disponemos a ver qué pasa con nuestro recorrido planeado del día y nos encontramos con el jeitinho brasileiro (y con unos cuantos cerdos negros que corrían entre el agua y las dunas sin que todavía me explique muy bien de dónde habían salido).

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Nuestro conductor nos había encontrado un coche para llevarnos hasta Parnaíba, donde teníamos que pasar la noche, y que nos ahorraba esperar un bus en el que ni siquiera estábamos seguros de poder subir. Sólo teníamos que esperar a que dejara a los turistas que tenía en Jeri, asique para hacer tiempo, hicimos el sacrificio de una pequeña parada en Lagoa Paraíso, ¡qué vida tan dura la del viajero!

 Nuestro nuevo amigo resultó ser el descubrimiento del viaje. No sólo nos llevó hasta la puerta de la pousada y nos dio toda una lección de historia sobre el estado de Piauí y sus bellezas naturales, sino que además nos llevó a cenar una torta de caranguejo de las típicas de la ciudad en un lugar que no podía ser más auténtico. IMG_20140804_214149002Como George era ya nuestro más mejor amigo de la semana, contratamos con él la excursión que teníamos pensado hacer por el Delta del Parnaíba y decidimos quedarnos un día más en la ciudad.

Dia 4_Nueva sorpresa. Lo que aparentemente iba a ser un paseo en barco por el Delta del Parnaíba se convirtió en una de las mejores excursiones del viaje y en un día genial. Lancha rápida para nosotros cuatro y unas vistas increíbles del delta, donde se puede ver perfectamente cómo cambia el color del agua cuando se encuentran la dulce y la del mar. Primera parada en una playa desierta, DESIERTA. OLYMPUS DIGITAL CAMERASol, toda la arena y el mar para disfrutarlo a gusto. Eso en Brasil no pasa a menudo. Luego descanso para comer na Ilha das Canarias [un consejo, si vais a Parnaíba, no os quedéis en la ciudad, las pousadas en la isla merecen muuucho más la pena]. Pescado buenísimo y una siesta de hamaca reparadora y nos montamos de nuevo en el barco para trasladarnos a los manglares y desde la canoa ver cómo los monos bajaban a visitarnos si les ofrecíamos sandía y una anaconda increíble, pero muerta (menos mal porque era enorme).

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Y nuevas emociones. Parada en las dunas que están justo al lado del río. La visión de la arena cayendo directamente al agua dulce es sorprendente y no sería la última foto increíble. Vimos llegar a los guarás para pasar la noche en su isla dentro de delta y ver llegar esas bandadas de pájaros rojos al atardecer fue emocionante. Y para acabar el día… jacaré! Esta vez, un caimán pequeñito que nuestro barquero consiguió atrapar y que pude hasta coger con las manos, ¡que ilusión! Todavía tengo sonrisa de niña cuando lo recuerdo. Y como despedida del estado de Piauí, George nos llevó a cenar churrasco (que no sólo de pescado y marisco podemos vivir).

guarásDía 5_ Maranhão y Lençois. Bien temprano por la mañana nos ponemos en marcha para continuar nuestra ruta, cambiar de estado una vez más y llegar por fin a los Lençois. Tras el trayecto en 4×4 por ríos, dunas, pequeñas ciudades y kilómetros de playa llegamos a Caburé, donde pasaríamos nuestra primera noche.

Es difícil describir cómo son todos los sitios que hemos visitado en este viaje. Caburé es un pequeño pueblo encajado entre el río y el mar en el que se cuentan unas cuantas “casas” de pescadores, un restaurante (mesas de madera en suelo de arena y sin puerta) y un par de pousadas. No llega la luz eléctrica y todo funciona con generadores. Por la noche no se oye nada más que el viento y el mar.

Después de nuestra comida de riquísimo pescado grelhado buscamos a nuestro barquero para que nos llevara hasta Vassouras y los Pequenos Lençois. En el trayecto por el río ya pudimos disfrutar de unas vistas increíbles y cuando llegamos al poblado (por llamarle algo, porque son un par de casas  un cobertizo donde se venden recuerdos) nos dispusimos a meternos de verdad en las dunas y hacer el recorrido de vuelta a Caburé a través de la arena.

Kilómetros cuadrados de arena, sin ver nada más que pequeñas lagunas de agua dulce que se forman en la época de lluvias y que sobreviven creando pequeños paraísos donde te da la sensación de que el tiempo está detenido y no hay nada que necesites más que mirar al infinito, darte un baño y disfrutar de la tranquilidad. Eso son los Lençois Maranhenses.

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Veinte minutos de caminata maravillándome por el paisaje. Y también por el cansancio. Mis tobillos y mi poca voluntad dijeron ‘hasta aquí’ y vi que no iba a ser capaz de caminar bajo aquel sol tropical las dos horas que teníamos por delante. Asique deseándole suerte a mis aventureros compañeros de viaje me volví a Vassouras a esperar a que algún alma caritativa con barco me llevase de vuelta. Ellos vieron cosas preciosas, entraron en la casa de una familia, se sacaron fotos con los burros del desierto. Yo volví con un señor que tenía dos dientes y me contó toda la historia de su familia, una barca que hacía agua y una cabra. Igual de auténtico y toda una experiencia. ¿Cómo no me va a gustar este país?

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Más Información

– Agencia recomendada: Rastro Nordestino. Buena gente, con variadas opciones de paseos y precios asequibles.

– Pousada en Parnaíba: Chalé Suiço. No nos gustó demasiado. Precio normal, habitaciones simples y buen desayuno, pero el dueño es algo arisco…

– En Ilha das Canarias, muy recomendable: Recanto dos Pássaros 

– Pousada en Caburé: Pousada do Paturi

Rota das emoções: Bem-vindos ao paraíso! (I)

¿He dicho ya que este país es increíble? Cada viaje que hago, cada sitio que veo, cada persona que conozco, cada costumbre que observo me hace pensar y, normalmente, me hace disfrutar también de cada momento que estoy viviendo aquí. En una de esas conversaciones tontas de tardes soñadoras, seguro que ha salido la pregunta: ¿qué es para ti el paraíso? Mi idea de paraíso ha ido variando a lo largo del tiempo, pero he de reconocer que la descripción de “lugar paradisíaco” se acerca bastante al viaje que he hecho por el Nordeste brasileño.

Unos billetes de avión comprados casi corriendo y muy caros porque tienes miedo de quedarte sin ver esos sitios maravillosos que te enseña Google, tres compañeros de viaje (dos conocidos, otra por descubrir), nueve días de vacaciones y mucho por planear. Así comenzó esta aventura.

Primera parada: Fortaleza, estado de Ceará. Trayecto rápido desde el aeropuerto hasta la estación de autobuses y la inevitable cola para coger los billetes y llegar in extremis. Camino de Jericoacoara tuve la primera pista de cómo iba a ser el clima durante el viaje pero ninguna de lo que me esperaba allí. Después de cambiar a una “jardinera” (básicamente un camión en el que han colocado asientos) y atravesar unas cuantas dunas llegas a un pueblo lleno de pousadas, perros que descansan a la sombra y calles de arena.

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Primeras cervezas y vistas de la puesta de sol desde la playa (porque a verla desde la gran duna no nos dio tiempo). Dando una vuelta por las calles de arena encontramos un restaurante tirando a cutrecillo pero que te cocinaba el pescado fresco que te vendían en la pescadería de al lado. No pudo ser mejor elección. IMG_20140802_212328529Creo que cenamos uno de los mejores pescados a la parrilla que he probado, ¡riquísimo! Y para acabar la noche, una caipirinha y un brownie-helado-bengala de cumpleaños. Nunca había imaginado llegar a los 30 en un sitio así.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADía 2: Paseo a las lagunas. En buggie nos dispusimos a recorrer las primeras dunas, el árbol da preguiza, kilómetros de arena junto al mar y conversaciones con un conductor que dice que nunca ha viajado, pero que tampoco quiere hacerlo, que él es de allí, le gusta lo que le rodea y no siente necesidad de conocer nada más. El sol todavía no me había dado demasiado en la cabeza, pero aún así casi entro en shock. ¿Viajar? ¡No se me ocurre nada mejor que hacer en la vida!

Visitamos la Lagoa Azul, primera parada para  un baño en agua dulce, tomar agua de coco en una hamaca dentro del agua y hacerse fotos cual divas. Siguiente pausa del día, Lagoa Paraíso y os prometo que el nombre no le viene grande. Arena blanca, sombrilla y tumbonas, hamacas a la orilla del agua, almuerzo con un pescado buenisímo, tranquilidad… ¡Me encantó!

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Y aunque se hacía difícil salir de aquel pequeño oasis nos montamos de nuevo en el buggie para llegar a Pedra Furada, el otro punto estratégico para ver las puestas de sol en Jeri.

DSCF9259Paseo por la playa, escuchar el mar chocando contra miles de rocas y,  como en la piedra había demasiada gente, disfrutar el acabar del día desde la cima de la montaña en la más absoluta calma fue el punto y seguido perfecto. El punto final lo puso una buena cena y su correspondiente caipirinha en la playa.

Día 3_Para intentar aprovechar mejor nuestro viaje, decidimos que no dormiríamos una tercera noche en Jeri sino que aprovecharíamos la excursión de ese día para acercarnos más a Parnaíba y dormir allí (aunque estoy segura de que hubiera podido pasarme en Jericoacoara una semana más). El día pintaba bien, un guía-conductor majete y el camino hacia nuestra primera actividad impresionante: kilómetros de arena y mar y unas vistas espectaculares.

DSCF9449Así llegamos a las barcas que nos llevarían a ver caballitos de mar. La marea estaba ya bastante alta, asique al final no pudimos ver los caballitos pero aprendimos mucho sobre el “sururú” mientras mariscábamos. Nuestro barquero nos dio la receta de la virilidad de los nordestinos y nos dijo que el caldo de este molusco era lo mejor para tener una noche alegre y recuperar la fuerza cuando te encuentras débil. No hace falta decir, que nos llevamos una botella entera.

Después del baño de sabiduría nos dirigimos entre las dunas y unas cuantas gotas de lluvia hacia la siguiente laguna donde nos esperaba unas langostas y un chapuzón antes de meternos en un bus hasta Parnaíba. Y asi, de repente, mientras íbamos atravesando un mar de maderas entre la arena, un pinchazo nos complicó un poco la jornada. En ese momento perdimos un poco la confianza de que todo fuese a salir bien y nos veíamos ya durmiendo en cualquier sitio esa noche… Se nos olvidó que estábamos en Brasil y siempre hay forma de “dar um jeitinho”.

 

Más información:

En Jericoacoara todas las agencias tienen el mismo precio y ofrecen prácticamente los mismos servicios, asique sólo hay que escoger una y concretar horarios. Recomiendo la Pousada Aqua que fue donde nos quedamos. Buen precio, bonita habitación, buen desayuno y gente agradable.

http://www.jericoacoara.com/

http://www.portaljericoacoara.com.br/

http://www.jericoacoaraturismo.com.br/

– Pousada Aqua: http://www.pousadaaqua.com/#/home/4554643114

 

Salvador de Bahía e Praia do Forte

Cuando estás a unas cuantas horas de coger un avión a Salvador de Bahía y te dicen que hay huelga de policía, digamos que te pones a pensar un poquito más en lo que significa estar en Brasil. Teníamos por delante 5 días de vacaciones y se acercaba la tormenta de la inseguridad. Pero como yo no soy de las que le gusta mantener el misterio hasta el final, os avanzo ya que volvimos a São Paulo sanos y salvos y habiendo disfrutado mucho (muchísimo) de Bahía.

Llegamos al aeropuerto un poco después de las 11 y allí nos esperaban Cassio y su hijo para trasladarnos al hostel. El mundo de los taxistas y motoristas (=conductores) en este país es un aparte y en cada coche que subes te espera un personaje nuevo. Cassio era uno de los que tienen historias que contar y como buen brasileiro nos dijo “fica tanquilo, a cidade não tem problema”. Las calles vacías y las vallas delante de cada establecimiento decían otra cosa. El resto de viajeros nos esperaban en el FDesign [muy recomendable si alguna vez vais a Salvador] con una cerveza en la maravillosa terraza con vistas al mar de la Bahía y las primeras risas.

Por la mañana, a pesar de las malas indicaciones de un recepcionista somnoliento y las negativas de varias agencias de salir con ocho blanquitos por una ciudad sin policía, conseguimos un tour en furgoneta por Bahía y al encantador Roberto Carlos como guía. Un día nos bastó para ver el encanto de Salvador. Como dirían aquí “Adorei!”. Iglesias cada 50 metros (parece que todas las congregaciones religiosas europeas desembarcaban en este puerto), calles llenas de color, unas playas urbanas que no lo parecían, parques de vegetación exuberante y muchos menos acosadores de turistas que habitualmente consiguieron que nos enamoráramos enseguida.

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En la Cidade Alta está el conocidísimo Pelourinho, colorido, atrayente y con un encanto difícil de describir, con miles de calles donde te apetece perderte. También el Terreiro de Jesús con su Catedral Basílica; la Praça Municipal (antigua sede política del Brasil colonial) con sus vistas a la bahía y el elevador Lacerda (da lugar a muchas bromas, si) que permite llegar desde la parte baja de la ciudad sin sufrir sus interminables cuestas; la iglesia y convento de San Francisco, con tanto pan de oro recubriendo los ornamentos que impresiona, pinturas que te miran allá donde vayas y el patio revestido de azulejos pintados a mano y con mensajes de los que te hacen pensar.

En la Ciudad Baja está el Mercado Modelo, lleno de artesanía y artículos diversos por los que regatear y aún así sentir que te han visto la cara de turista y estás pagando más de lo que valen. También el barrio de Barra, mirando al mar y con un bonito Faro que     nos permitió disfrutar de un tranquilo pero nublado atardecer. Visitamos al otro lado de Salvador la Igrexa do Bom Fim que tiene en su verja miles de cintas de colores atadas con tres nudos y tres deseos de creyentes y descreídos. Y la heladería Ribeira, la mejor de la ciudad dicen, donde la tabla de sabores es tan larga y los helados tan grandes que realmente cuesta decidir.

Imagen¡Y todo eso sólo en el primer día de viaje! El último decidimos dedicarlo a descansar e ir hasta Praia do Forte, a una hora y veinte más o menos de Salvador. Un lugar típicamente turístico, con terrazas, calles limpias, cuidadas y llenas de tiendas y unas playas que te dan ganas de vivir allí.

Después de un desayuno reponedor entramos al Projeto Tamar dedicado a salvar (con bastante éxito) cinco especies de tartarugas marinhas en Brasil. Hay varias piscinas donde nadan los diferentes tipos de tortugas de todos los tamaños y varios paneles y espacios que explican toda la labor que realizan de conservación en la costa brasileña.

Desde ahí y después de la lluvia de rigor, prácticamente caímos rendidos en la playa, con nuestros sucos, nuestra sombrilla y kilos de crema solar que no pudo evitar que acabáramos como gambas. Tras la tarde de baños, siesta y paseos entre las rocas y las palmeras, una merienda – cena en un patio con música en directo cogimos el último autobús de vuelta a Salvador.

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Las últimas horas del viaje fueron intensas, no podía ser de otra manera. Una habitación doble para ducharnos ocho, el ejército patrullando con metralletas las afueras del centro comercial, una furgoneta de tripulación aérea que nos llevó al aeropuerto por un módico precio y varias horas tirados en la terminal antes de coger el vuelo que nos llevó directamente a la oficina a sufrir un día muuuy largo. Pero mereció la pena.

Más Info:

– Turismo en Bahia: http://bahia.com.br/es/