De playa en playa

Brasil tiene alguna de las mejores playas de mundo. En cualquier guía o lista que busques las imágenes paradisíacas de este gran país están presentes y es que con más de 7400 km de costa y en pleno ecuador es muy difícil no encontrar “la playa perfecta”. Yo, de momento, no he decidido cuál es la mía, pero la intención es ver las más posibles en los meses que estaré a este lado del Atlántico.

Con el ajetreo de la llegada, la búsqueda de piso y aclimatarse a la nueva vida, no me quedaba mucho tiempo libre en las primeras semanas paulistas, pero por algo los becarios tienen fama de currantes: se saca tiempo de dónde sea para planear un “finde” de playa. Para los primeros intentos escogimos lugares cerquita de São Paulo: Bertioga y Camburi.

Bertioga

Desde que te bajas del ônibus y sorteas la primera calle de tiendas, lanchonetes y souvenirs varios llegas al paseo marítimo. Largo y en obras, como todo buen paseo que se precie. A un lado una larguísima playa llena de sombrillas y al otro hileras de casas, edificios de apartamentos y (pocos) hoteles. Si de repente te teletransportaran y te encontrases allí, podría ser Brasil o Benidorm. Pero lo bueno que tiene este país es que tras caminar dos calles o moverte de barrio, parece que has entrado en otro mundo.

Cogimos la “balsa” (una especie de ferry para coches y pasajeros) que gratuitamente te lleva desde Bertioga hasta la isla donde se encuentra Prainha Branca. Después de un estupendo y cuesta arriba paseo de 3km ves esto:

Vista desde el camino

… y sabes que te espera algo bueno. Poca gente, un par de chiringuitos, música y muchos surferos es lo primero que te llama la atención antes de fijarte en la inmensidad del mar y la gran playa donde vas a pasar el día. Y el día se pasa entre baños, vuelta y vuelta en la toalla, paseos y esperar como una eternidad para que te sirvan unos camarões y una cerveza a la sombra. Luego más baños y sol (demasiado) y vuelta a Bertioga en lancha. El viaje no es precisamente tranquilo, las olas y la velocidad hacen que te botes y rebotes, pero merece la pena pagar los 10R$ que cuesta el transporte.

Puerto de Bertioga  Camburi

Otro ambiente. Playas menos bonitas quizás, pero el pueblo mucho más acogedor. Una calle, con bares, restaurantes y tiendas a ambos lados, caminos que llevan hacia la playa cada 200 metros, mucho verde y mucha tranquilidad.

El único problema de este fin de semana fue que llovió torrencialmente los tres días y que no pudimos disfrutar como se merece. Pero hemos prometido volver porque merece mucho la pena. Asique en la próxima visita, ya os contaré.

Imagen

Curiosidades:

El agua está caliente. Si, tal cual, caliente. Cuando metí el pie pensado en refrescarme un poco, de repente me encontré con el Mediterráneo en vez de con el Atlántico.

La sombrilla es fundamental, repito fun-da-men-tal. Si no, corres el riesgo de ser el típico “guiri” al que todo mundo mira a la hora de la cena porque su pies está más roja que las gambas del plato. Hay apartamentos y hoteles que tienen su propio espacio con sombrillas para los huéspedes en la playa. La otra opción es pedir algo de beber o de comer en los puestos y chiringuitos y pedirla.

Busca y rebusca para encontrar alojamiento. Por el mismo precio, un apartamento de dudosa higiene, un colchón y unas sábanas que era mejor no mirar y llevando tus propias toallas de baño o un apartamento medianamente aseado, con camas cómodas, toallas limpias y unas zonas comunes que parecían de hotel de 5 estrellas.

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